Daniel Simberloff: “El ser humano es la especie invasora más peligrosa”

El ecólogo Daniel Simberloff (Pensilvania, 1942), uno de los más importantes en el estudio de especies invasoras, está en Barcelona para recibir el Premio Ramón Margalef 2012 de Ecología, valorado en 80.000 euros. Antes de recogerlo, el científico estadounidense ha hablado con SINC sobre ecología y política. Según él, Europa también está en crisis medioambiental.

David Simberloff sostiene el ejemplar de Perspectivas en teoría ecológica, de Ramón Margalef, que compró hace años en Barcelona. Imagen: SINC

Núria Jar | Barcelona | SINC / 29 de octubre de 2012
Lleva usted en la mano el libro Perspectivas en teoría ecológica de Ramón Margalef. Parece un ejemplar antiguo.
Ramón Margalef publicó este libro en 1968 y lo compré cuando vine a Barcelona hace muchos años. Es una obra pequeña, de tan solo cuatro capítulos, pero cuenta muchísimas cosas.
Lo sujeta como si fuera un tesoro…
Lo descubrí cuando me estaba doctorando. Uno de los logros de Margalef es que recoge las observaciones biológicas en un mismo marco teórico. Antes, había ecólogos que estudiaban las hormigas; otros los escarabajos, peces, pájaros o plantas. En cambio, él aglutinó todas las observaciones en historia natural. Una de las grandezas de este libro es que se centra en la diversidad biológica, lo que ahora conocemos como ‘biodiversidad’. En los años sesenta, Margalef dirigió la ecología mientras esta se convertía en una gran ciencia.
Usted ha continuado con esta labor, es el editor de laEnciclopedia de las Invasiones Biológicas. ¿Qué especies son las más peligrosas?
Solemos pensar que las especies invasoras más peligrosas son los grandes predadores como el zorro rojo, las serpientes y los caimanes. Por ejemplo, en España hablan mucho del visón americano (Neovison vison). Estas especies reciben mucha atención mediática porque son animales muy fotogénicos, que además podemos ver a simple vista. Otro grupo muy popular de especies invasoras son los insectos que destruyen los cultivos. Pero las especies que tienen un mayor impacto ecológico son las plantas y los patógenos, especialmente los que afectan a las plantas y a los animales.
¿Cuál es su amenaza real?
Las plantas construyen el hábitat, la estructura medioambiental donde viven los animales. Cuando se introduce una especie vegetal nueva, todo el entorno cambia. En Europa, la enfermedad holandesa del olmo ha acabado con muchos árboles que, a su vez, han dejado sin casa a pájaros e insectos. Todo el ecosistema sufre las consecuencias de este tipo de invasiones.
¿Qué zonas del planeta son las más sensibles?
A menudo se dice que los sistemas acuáticos, especialmente los de agua dulce, son más susceptibles a una invasión porque hay muchos peces, invertebrados y plantas acuáticas diferentes. Las zonas con un clima mediterráneo, como el sur de Europa, ciertas zonas de Chile, Australia y California también son áreas geográficas muy sensibles.
¿Cómo ha contribuido la globalización a la propagación de especies invasoras?
La globalización ha exacerbado el problema porque ahora muchas más especies pueden recorrer mayores distancias en menos tiempo. Antes, una planta y un animal invasores tenían que sobrevivir a un viaje por mar de dos meses para ir de Europa a América del Norte. Además, los pocos organismos que quedaban al llegar tenían que reproducirse. Ahora, las especies invasoras viajan en grandes grupos y lo tienen más fácil para multiplicarse.
¿En la época de los exploradores, las especies invasores no eran tan comunes?
Siempre han existido. Los primeros exploradores ingleses y españoles del siglo XVI se limitaban a registrar las especies del mundo natural a partir de la observación. A partir del siglo XIX, personajes como Charles Darwin y Russel Wallace las pusieron en contexto con la biogeografía, pero no estaban interesados en su impacto ecológico. Con la llegada del barco de vapor, el conocimiento y todo lo demás empezaron a ir más rápido.
¿La historia de las especies invasoras está ligada a la historia de las comunicaciones?
El barco de vapor, la llegada posterior de barcos aún más rápidos, los vuelos aéreos y muchos transportes más han facilitado la movilidad de las especies invasoras. Por suerte, muchas de ellas no logran establecerse en los nuevos territorios.
¿Qué dificultades tiene ser una especie invasora?
Muchísimas. Los organismos tienen que adaptarse a un entorno nuevo para sobrevivir, donde ya habitan otras especies, y competir con ellas. Algunos lo consiguen y otros mueren.
¿No hay manera de sacarles algún partido?
Bueno, hay algunas especies invasoras que son beneficiosas para nosotros. En América del Norte, los siete principales cultivos alimenticios son especies introducidas ¡y nos encanta comerlos! Un par de ellos son originarios de América del Sur y el resto provienen de Asia. También hay plantas que adornan nuestra casa que son introducidas. Pero, en general, lo más probable es que una especie invasora cause problemas. En la Universidad de Tennessee (EE UU) comparamos los problemas medioambientales que generan plantas nativas e introducidas. Las especies foráneas mostraron un impacto 40 veces superior que las otras. Además, en muchas ocasiones la acción humana es la responsable de que una especie nativa se convierta en un problema.
Entonces, ¿nosotros somos la especie invasora más amenazadora?
Sí, y muchos científicos coincidirían conmigo, pero consideran políticamente incorrecto decir en público que el ser humano es la especie invasora más peligrosa. No es que a los ecólogos no nos guste la gente, pero sin duda los humanos han causado más daño medioambiental que cualquier otra especie. Somos una espada de doble filo: podemos causar mucho daño, pero también podemos prevenir y solucionar problemas.
Ramón Margalef se consideraba un pesimista activo. ¿Usted cómo se siente?
Cuando uno es consciente de todos los problemas medioambientales, le resulta difícil no ser pesimista. En mi caso, conozco muchas invasiones y sería demasiado fácil deprimirme. Por otro lado, existen muchos casos de éxito que no salen a la luz. Me gusta ser optimista.
Durante seis años fue miembro del Consejo Nacional Científico de los Estados Unidos, que asesora al Gobierno. ¿Los políticos le hacían caso?
Los científicos sabemos cómo manejar muchos de los problemas medioambientales, pero los ciudadanos y los gobiernos también deberían tomar partido. Nueva Zelanda es un buen ejemplo de políticas en biodiversidad que funcionan. En Estados Unidos nos movemos hacia la misma dirección. A finales de los noventa hablamos con el presidente Bill Clinton y formulamos una orden ejecutiva a nivel federal para fortalecer las políticas sobre especies invasoras. Avanzamos, pero todavía queda mucho por recorrer. En este sentido, creo que Europa se está quedando atrás en la gestión de problemas medioambientales.
En Europa, ¿también estamos en crisis medioambiental?
Las directivas de la Unión Europea (UE) no tienen fuerza legislativa porque hay muchos países con regulaciones diferentes. Hoy en día, las mangostas (Herpestidae), que son de las especies invasoras más peligrosas, campan a sus anchas en Croacia, Bosnia y Montenegro. Sus poblaciones se están extendiendo y probablemente llegarán a Italia, Grecia y el resto del continente europeo. Hace poco, escribimos un artículo sobre este tema con un estudiante y nos pusimos en contacto con el responsable de la oficina medioambiental de toda la UE.
¿Y qué les dijo?
La situación le pareció terrible pero nos dijo que no tenían ningún mecanismo formal para destinar fondos a países que no forman parte de la UE. Pero las mangostas no respetan las fronteras, no saben si un país es un estado miembro o no, y ya se están expandiendo por el resto de Europa. Muchas personas lo ven como un problema, me encantaría poder hacer algo porque se trata de una situación muy preocupante. Es una locura, reflexionen sobre ello.